Un árbol y un niño.
Los dos pequeños tuvieron un crecimiento muy lleno de
emociones: El niño dormía al comienzo casi todo el día, y sólo se lo veía
despierto muy temprano, cuando tenía hambre o deseaba que lo cambiaran de ropa.
De igual manera, el
chirimoyo entre la hierba de las orillas de la laguna, pasaba las tardes y las
noches recogido entre sus hojas, pero parecía tomar vida cuando caía el rocío
de la mañana o un dedicado jardinero (aunque a veces lo hacía Chéster)
dispersaba generosamente agua hacia todos los vegetales. Entonces, las hojitas
de la recién aparecida planta se volvían aun más verdes que la hierba que yacía
a su alrededor.